|
|
|
LARGA NOCHE DE JULIO
Las 24 Horas de Monjuich-Una prueba dificil de imaginar para el que no la ha vivido e imposible de concebir hoy dia,.. Un paseo a pie por la montaña de Montjuich transformada en un escenario insolito para una carrera de motos de dia y sobre todo de noche,.. Testimonio en primera persona de como acabó la carrera deportiva de una de las estrellas de nuestro particular universo,resaltando y describiendo el carácter general de la carrera. El calor de julio retrocede como una fiera a regañadientes cuando llega el crepúsculo. No hace sino permanecer agazapado en la oscuridad, aguardando el primer esbozo del nuevo día para alzarse y sacudir con toda su ferocidad al incauto caminante o al turista despistado. Pero aquella noche, además de la rica variedad de esencias naturales que su densa flora libera siempre al caer el sol, flotaba en el aire del parque otra gama de olores coreada por un insólito surtido de sonidos, un ramillete de estridencias que se antojaban fuera de lugar al oído ignorante. Olores excitantes de sintético origen, sonidos guturales de vientos comprimidos, aullidos metálicos en resonancia y broncos bramidos mecánicos que se dejaban oír como una larga tormenta desde el horizonte de la otra montaña de la ciudad. Ese concierto, que brotaba como de una multitud de fuentes unidas por un canal a través de todo el parque de Montjuich, alcanzaba el cielo de Barcelona para esparcirse y envolver sus edificios y rincones con la manta estruendosa de una traca nocturna que se prolongaba durante la madrugada, como una mascletá inagotable que sobrevivía al alba y al mediodía y que alcanzaba con sus rescoldos la hora señalada: las ocho de la tarde. Las ocho de la tarde, sí, cuando los oídos quedaban saturados y dormidos, el público colmado y cegado, las máquinas churretosas y descoloridas, desgastadas; los motores aceitosos y humeantes, y los diezmados pilotos que habían alcanzado el final, a pesar de sus rostros demacrados y consumidos por un esfuerzo erosivo y voraz, exhibían una sonrisa resplandeciente de inconmensurable satisfacción.
El plano es de la última versión del circuito,la de los 80, en la que ya corrían tres pilotos y colocaron más tarde una chicane en la recta del Estadio. En la del 77, que es a la que hace referencia el escrito, y anteriores, la tradicional, por así decirlo, la recta está abajo,donde está "La Pérgola"; y los boxes estaban ahí también, a los pies de la gran fuente.
Las 24 Horas de Montjuich trastocaban el sueño barcelonés con su magia irrepetible; una reedición motorista de la Noche de San Juan cuando sus cenizas flotaban aún sobre la cuadrícula de El Eixample, los pasadizos del Barrio Gótico o las callejas de Gracia. Los pilotos no eran ajenos a la noche del parque, a pesar de surcarla como un obús en cada vuelta a La Montaña.
Binomio asociado a los años de explendor de las 24 Horas de Montjuich:Benjamín Grau - Ducati.
Subir San Jorge tras los haces inclinados de la moto y sumergido en el follaje del parque era viajar vertiginosamente a través de un túnel estampado de hojas caducas, con paredes de corteza verde y una bóveda cuajada de estrellas. La recta de Las Picornells les elevaba hasta la cima del circuito: El Estadio; y a medida que ascendían, la suavidad de su rampa se antojaba como una pista de despegue hacia el oscuro infinito, que se sentía cuando la moto volaba durante unos metros durante los que sentían la magia de la ingravidez. Después de tomar tierra, una bajada en picado les echaba a bocajarro sobre el ángulo de Miramar. La pista se estrechaba de repente mientras una imponente barrera de troncos se disponía al frente, como un pelotón de fornidos gastadores que les invitaba a tirarse a la izquierda, hasta casi perder el sentido de la verticalidad para continuar descendiendo a tumba abierta La Montaña. Medio centenar de metros más abajo, se presentaban en el la curva de El Etnológico con el hombro izquierdo pretendiendo acariciar el muro de piedra, y se dejaban acoger después en los brazos de un peralte de velódromo. Era como lanzarse por el tobogán de una fábula medieval para llegar hasta La Font del gat, la curva más tenebrosa y fantástica del recorrido, un paso transilvano en el que se veían navegando dentro de la atracción temática del terror. Casi sin levantar la moto del lado izquierdo se abalanzaban sobre la curva de El Teatro Griego. ¡Qué piloto puede soñar alguna vez con un pasaje de semejante talla cultural saliéndole al paso en una carrera! En medio de tanto profesionalismo, que alabo ahora y he anhelado durante años, es imposible imaginar una curva de peralte invertido, apoyo equilibrista y ápice oculto que deje en su margen un rincón ilustre en el que se representen textos de Eurípides, se reciten versos de Calderón o Serrat interprete las canciones que han escrito la banda sonora de toda una generación. Dos leves inclinaciones en llano, a izquierda y derecha, les entregaban al viraje de nombre más bello y sugerente del recorrido. El Mercado de las flores. Aún el sábado o el domingo de la carrera flotaba en ese rincón del parque la mezcla de perfumes que se liberaba cada martes o cada jueves, no recuerdo bien el día de la semana que se montaba ese zoco florido, y regalaba a los pilotos sin saberlo un estigma de velado placer en medio de su maratoniano frenesí.
Jose Maria Mallol en la foto el año que ganó junto a su compañero Alejandro Tejedo con la Ducati oficial NCR.
Una recta trazada con tiralíneas concluía el descenso y desembocaba en el codo de La Guardia Urbana, un tramo que les recordaba vuelta a vuelta que su esforzada carrera transitaba por los cruces y las calles de una ciudad, con nombres de notables que se olvidan, como los de cualquiera de ellas. El mismo tiralíneas trazaba la recta siguiente, la que dejaba a la derecha el escaparate barcelonés de La Feria de Muestras y a la izquierda la majestuosa fuente sinfónica, con su colorido acuático sumido en el sueño y su estructura oculta tras los boxes. Los pilotos buscaban sus referencias alumbradas por un portátil o una linterna en la pizarra de su equipo. Un momento después, las luces de aquel pit lane eventual, casi de feria, y de uno de los rincones más vistosos de la ciudad se apagaban de repente para retornar otra vuelta más a la oscuridad del túnel frondoso tapizado por hojas palmípedas, rematado por una carpa estelar, que los conducía subiendo por la La Pérgola, cambiando a derechas en La Contrapérgola y trazando la larga de izquierdas del El Pueblo Español, que los catapultaba nuevamente a la excitante subida de San Jorge.
Autor: ----------------------------------------- Video de la edición de las 24 Horas de Monjuich de 1974 El "Pais":Resultado de la última edición 1986 ------------------------------------------- Motocicleta Clásica
|





